lunes, 13 de abril de 2015

NINGUNO PAGUE MAL CON MAL.




Regularmente cuando alguna persona es grosera conmigo o me hace algo que a mis ojos es ofensivo, se me ocurren mil cosas que decirle o hacerle para vengarme. Regularmente no las hago, pero ha decir verdad no es porque sea yo muy santa, sino porque muchas veces no tengo el valor para hacerlo. En muchas otras, el Espíritu Santo redarguye mi corazón, de tal manera que me freno de hacer venganza con mis propias manos, y decido esperar en Dios aunque a decir verdad no de muy buena manera.
Si analizamos el deseo de pagar mal con mal, es una actitud muy infantil. Si deseamos pagar mal con mal es porque consideramos que aquella persona que nos ofendió se merece algo malo también, al hacer esto nos ponemos en un papel de victima y Dios no desea eso de nosotros. Considero que el deseo de Dios en nuestras vidas es, que aprendamos a perdonar, a esperar en el y también que aprendamos a convivir con nuestros congéneres. Si pagamos mal por mal nunca aprenderemos a convivir y pasar por alto ofensas que muchas veces no son  tan graves. A veces hacemos una tormenta en un vaso de agua, y cuando analizamos la situación de porque inicio un disgusto, una confrontación o simplemente le aplicamos la ley del hielo a alguien vemos que son niñerias, cosas tontas por las que nos disgustamos, pero no quisimos ser humildes y bajar un poco la cabeza de tal manera que lo que la otra persona nos hizo la pasáramos por alto.

Me imagino que a todos nos ha pasado esto y Dios desea que actuemos de una manera diferente, Sin duda es una  lección muy importante y difícil de aprender pero no imposible.

Deseo que esta pequeña reflexión te ayude a analizar tu manera de actuar con las personas que te ofenden, y te ayude a cambiar tu actitud para con ellos.

Deborah MHM