Derribando fortalezas mentales
En una ocasión estaba frente a un
aparador, con la cartera en mano, por supuesto sabía que dinero en efectivo no tenia, pero si tenía
una tarjeta de crédito, a pesar de que ya no cabe ni un alfiler más en mi
guardarropa, me veía seducida a comprar una prenda más. En mi mente había una
batalla campal, entre lo que debería de hacer. Si compro con la tarjeta se
agrega tanto por ciento a los pagos que debo hacer en el mes, pero por otro lado mi mente decía, pero
esta hermosos esto, si vengo después lo más probable es que ya no este, después
pensaba es solo una prenda, además ya tengo mucha ropa, pero otra parte de mí
no quería irse sin comprar la prenda. En fin me imagino que si no es en el ámbito
de las compras si has tenido esta lucha mental en algún otro aspecto de su
vida. Entre hacer lo correcto y lo que queremos aunque no sea tan bueno.
Las batallas que tenemos en la
mente afectan directamente nuestras decisiones y por ende nuestras vidas. He ahí
la importancia de aprender a derribar estas fortalezas de pensamientos cuyos
frutos son de muerte y tinieblas.
En el mismo instante en que
recibimos a Jesús como nuestro salvador, se produce un cambio espiritual en
nuestras vidas. Pasamos a ser amigos de Dios y enemigos de Santanas. La biblia
declara que pasamos a ser una nueva criatura. <<He aquí todas las cosas son hechas nuevas>>
2 Corintios 5:17 De inmediato pasas de muerte a vida (Juan 5:24) No obstante
hay dos esferas que no experimentan cambios instantáneos: 1-Tu alma (La mente,
las emociones y la voluntad), y 2- Tu cuerpo físico. Estos se convierten en dos de los campos de batalla más
conflictivos de tu vida. A medida que tu relación con Dios crece, el ataque del
enemigo enfocado en tu alma crecerá.
Cuando aceptamos a Jesús como Señor
y Salvador, nacemos en realidad del Espíritu Santo. En ese momento la vida cobra
un nuevo sentido. Tenemos un nuevo perspectiva un nuevo Señor a quien servir.
El apóstol Pablo expreso esta
lucha así en Romanos 7:22-25
Porque según
el hombre interior, me deleito en la ley de Dios:
Mas veo otra
ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva
cautivo á la ley del pecado que está en mis miembros.
¡Miserable
hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte?
Gracias doy
á Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo á la
ley de Dios, mas con la carne á la ley del pecado.


